Chale Mylove...

Hoy te extraño Mylove.

Muchísimo.

Y tengo tantas ganas de contarte lo que pasó que aquí estoy, escribiéndote a las 3:13am mientras traigo la nariz tapada y aún se me salen las lágrimas.

Han cambiado algunas cosas desde que nos separamos.

Tengo mi propio departamento, en la colonia de arriba por dónde antes iba a dejar a los niños a la escuela, te acuerdas? Justo hasta arriba, mi Depa está junto al de Joel.

Seguimos organizándonos por los chicos, como papás. Y también sigo pagando la casa de abajo. 
Sí, dos rentas!...  Ya te conté toda esa historia? No? Creo que no. Luego te cuento...

Pero bueno, hoy fue uno de esos días en los que me habría encantado platicar contigo.

Desde temprano sucedieron problemas. 

A mi hermano se le fue la luz en la casa de Montebello porque se cayó el árbol de la esquina y se llevó los cables y apachurro una combi del vecino. 

Así que ahí me tienes haciendo reportes y averiguando quién tenía que intervenir.

Después sucedió Joel con el asunto de los uniformes y, ¡no mames, Mike!, metió toda la ropa junta a la lavadora. Blancos, colores, pantalones... ¡Todo! 😵‍💫

Y yo otra vez explicando por qué no se lava así.

¡Chingada madre! 🫢😮‍💨

Pero lo importante pasó esta noche.

Alejandro ya tiene dieciocho años.

ALEJANDRO mi muchacho ya es más grande... 🥺😳😫

Hoy me dijo que creía que ya no tenía que entregarme su celular por las noches.

Y tuvimos una conversación muy importante sobre lo que significa comenzar a hacerse responsable de sí mismo.

Le expliqué que conozco sus desvelos hablando con Basil, que sé cómo amanece después de dormir tan poco y que hacerse adulto no significa solamente obtener libertades, sino aprender a sostenerlas con responsabilidad.

Hablamos de sus horarios, de cuidar sus cosas, de aprender a hacer trámites y desenvolverse por sí mismo, aunque algunas cosas le cuestan aún trabajo.

Al principio puso esa carita de ya valió ya me vas a regañar 🥺

Pero después se enderezó, hizo un esfuerzo por hablarme y me dijo:

«Creo que puedo cambiar».

¡Ay, Mike!

Me sentí tan orgullosa de él.

Le dije que confiaba en que podía aprender, pero que necesitaba verlo en sus acciones.

Le devolví su celular.

También ajustamos las reglas para Sergio y René, porque los tres comparten habitación y necesitan respetar sus horarios de descanso.

Acordamos revisar cómo nos va dentro de quince días.

Y después me salí de la habitación.

Pero me quedé sintiendo tantas cosas...

Orgullo, ternura, preocupación, tristeza.

Chingada madre, hoy si sentí: Qué rápido crecieron!

Y entonces me acordé de ti.
De nuestras conversaciones sobre los chicos.
De cómo me explicabas lo que significa ser niño, adolescente, hombre.
De cómo conseguías mostrarme otras perspectivas y hacerme sentir confianza en el proceso.

¿Te acuerdas cuando me decías «no nos regañes»? 😂

O cuando decías «ya nos vi», imaginándote haciendo alguna travesura con ellos y a mí poniéndoles mi mirada matadora número 45?

Y después te imaginabas diciéndoles:

«Chicos, vamos a hacer esto que hace falta de la casa para que mi preciosa esté tranquila».

¡Baboso!

No sabes cuánto extraño eso.

Tu humor, tu complicidad, tu inteligencia, esa manera de comprender a los muchachos y ayudarme a comprenderlos también.

Y cómo, entre tantas cosas, siempre conseguías hacerme sentir vista.

Hoy quise preguntarte qué opinabas de lo que sucedió con Ale quise escucharte hablar de esta nueva etapa, saber cómo la mirarías tú quise que me hicieras reír.

Y me di cuenta de que no solamente extraño a mi pareja. Extraño a mi amigo, a mi compañero de tantas conversaciones, al hombre que también construyó un vínculo afectivo con mis hijos.

Extraño esa parte de nuestra vida.

Y duele.

Porque sí ya sé fui yo quien decidió separarse.

Y sigo reconociendo mis razones.

Pero eso no hace que desaparezca el amor, ni que deje de extrañarte.

Hoy me habría encantado escucharte.

No quiero imaginar qué me dirías, porque precisamente lo que extraño es tu forma particular de pensar y responder y a veces me pregunto cómo estaríamos viviendo estos momentos si las cosas hubieran sido diferentes.

Hoy también por la tarde Joel comentó lo grandes que están los muchachos.

Y sí, están enormes.

Pero mientras lo escuchaba pensé en todo lo que ha costado traerlos hasta aquí y me sentí muy sola, no porque no pueda seguir acompañándolos, sino porque hay momentos en los que quisiera compartir contigo todo lo que significa verlos crecer.

Y tú siempre supiste cómo acompañarme...

Aquí sigo construyendo mi vida, tengo proyectos, sueños y muchas cosas que todavía quiero hacer y también estoy aprendiendo muchísimo sobre mí.

Pero ahorita estoy triste.

Porque mi Alejandro ya es un hombre joven y yo quisiera haber podido contártelo, escucharte, reírnos y compartir un poquito de esta mezcla tan extraña de orgullo, nostalgia y preocupación.

Chale, baboso.

Cómo te extraño.

Y cuánto me habría gustado compartir contigo en vivo esta parte del camino.

Blanca 

Entradas más populares de este blog

El amor

Irracional irrazonable

A dónde sea que vayas