Entradas

Mike de Schrödinger: Un Estudio Científico Sobre Cómo Sacar de Quicio a una Mujer Inteligente

(Versión alternativa del texto publicado previamente hoy) Durante años me sentí  enamorada de un hombre. Resultó que estaba intentando estudiar un fenómeno cuántico sin financiamiento gubernamental. Todo comenzó de forma inocente. Un hombre inteligente. Interesante. Divertido. Culto. Guapo. Conversador. Y aparentemente interesado en mí. Su nombre es Mike. El detalle importante aquí es la palabra "aparentemente". Porque después de varios años de investigación de campo, entrevistas, observación participante y análisis sistémico profundo, llegué a una conclusión científica: Mike existía simultáneamente en todos los estados posibles. —Quiero verte. —Perfecto. ¿Cuándo? —Pronto. —Voy a pedir vacaciones. —Excelente. —Sí. —¿Las pediste? —Todavía no. —Voy a ir a Tuxtla. —Maravilloso. —Sí. —¿Ya compraste el boleto? —Todavía no. —¿Entonces cuándo vienes? —Sí. 😐 Había momentos donde yo sentía que estaba hablando con un ser humano. Y otros donde sentía que estaba entrevistando a una inte...

La Puerta Entreabierta

He pensado que puedo soportar casi cualquier verdad. Una traición. Un rechazo. Una despedida. Una mentira. Incluso un corazón roto. Lo que me choca porque no  soporto para nada bien es la incertidumbre. La incertidumbre tiene una forma muy particular de devorarme. No llega de golpe. No grita. No destruye. Simplemente se sienta en una esquina de mi mente y comienza a hacer preguntas. Y después otra. Y después otra. Y después cien más. Hasta que de pronto me descubro construyendo teorías, hipótesis, mapas, explicaciones y caminos posibles para entender aquello que no logro comprender. Es una bendición cuando trabajo. Y una pesadilla cuando amo. Porque cuando amo quiero conocer al ser humano que tengo enfrente. No la máscara. No el personaje. No la versión políticamente correcta. Quiero conocer a la persona real. La que ríe. La que llora. La que se contradice. La que tiene miedo. La que desea. La que duda. La que se equivoca. Y quizá por eso terminé amando tanto a aquel hombre. Al Mik...

Cuando el amor se esconde detrás del deber

A veces las personas no se alejan de ti porque no te aman. A veces se alejan porque aman tanto que se asustan de fallar. Me pasó el amor de mi vida es así. Mi Mike. Hay corazones como el suyo que aprendieron que amar significa cargar. Resolver. Proteger. No equivocarse. Llegar con todo listo. Ser suficientes. Y desde afuera aparecen distantes. Pero por dentro muchas veces hay alguien peleando una batalla silenciosa tratando de convertirse en alguien digno de lo que ama. El problema es que el amor no  está pidiendo perfección. A veces solo está pidiendo presencia. No pide un castillo. Pide sentarse juntos mientras se construye una casa. No pide que nunca tengas miedo o enojo. Pide que no desaparezcas cuando lo tienes. No pide que llegues sin heridas. Pide que no escondas tu corazón detrás de ellas. Porque el deber ese del que tanto me hablaba yo sabía que puede nacer de lo más hermoso: Responsabilidad, cuidado, protección, amor. Te prometo que sí lo veía y por supuesto que lo sentí ...

¿Dónde estás?

¿Dónde estás? Anoche me pregunté antes de ir a dormir: ¿Dónde estás? Y entonces en sueños caminé. No hacia una dirección.  Hacia una historia. Abrí puertas. Recorrí habitaciones. Toqué paredes donde aún vivían ecos. Porque entendí que cuando buscamos a alguien que amamos, no buscamos solamente un cuerpo. Buscamos todos los momentos donde esa persona existió. Entonces amaneció y me pregunté: ¿Dónde está el niño de seis años que caminaba conmigo después de la escuela? Ese niño que todavía no sabía de miedos, responsabilidades ni futuros imposibles. Ese niño que simplemente caminaba a mi lado porque quería caminar conmigo. ¿Dónde está el joven de la moto? El que apareció otra vez en una esquina de mi vida como si el universo tuviera un sentido del humor extraño. El que volvió con heridas en el cuerpo y una historia todavía abierta. El que quería hacerlo todo bien. Tan bien... Que no vio que algunas cosas ya estaban bien simplemente porque eran verdad. ¿Dónde está el hombre que me decí...

En otro lugar...

En el Reino del Sur, donde el calor hacía sudar incluso a las piedras y los ventiladores parecían artefactos inútiles de magia menor, existía una mujer que estaba profundamente enamorada de un hombre filosóficamente desesperante. No era un mal hombre. Ese era precisamente el problema. Porque si hubiera sido cruel, idiota o claramente insuficiente… la historia habría terminado mucho antes. Pero no. El hombre era inteligente. Tierno. Profundo. Y tenía la extraña costumbre de decir cosas que sonaban hermosas… hasta que una las analizaba más de tres segundos. —Solo existe este día. decía él mirando el horizonte como si fuera protagonista de una película indie existencial francesa. Y la mujer por dentro:  “sí sí muy poético todo PERO TENEMOS 53 AÑOS CABRÓN.” esa fue la última vez que ella lo vio... Porque el hombre hablaba del tiempo como si fuera un druida inmortal del bosque antiguo. Pero ella sí entendía:  🦴 rodillas,  🦴 columna,  🦴 colesterol,  🦴 mortalidad,...

Familiaridad

Había una mujer que durante mucho tiempo creyó que su cuerpo siempre sabía exactamente a dónde ir. Y en parte era verdad. Porque no se entregaba a cualquiera. No caminaba por la vida enamorándose de cada mirada bonita o de cada hombre que le prestaba atención. Su cuerpo elegía. Siempre había elegido. El problema era que apenas comenzaba a entender DESDE DÓNDE elegía. Y eso lo cambió todo. Porque un día, después de suficientes años, suficientes relaciones, suficientes despedidas y suficientes conversaciones con el techo mientras el ventilador de Tuxtla intentaba inútilmente combatir el calor del universo… la mujer comprendió algo incómodo: Muchas veces su cuerpo no estaba diciendo: “esto es sano.” Estaba diciendo: “esto es familiar.” Y esa diferencia era gigantesca. Porque de pronto pudo mirar ciertas historias importantes de su vida y notar el hilo invisible que las conectaba. Distintos hombres. Distintas épocas. Distintas heridas. Distintas formas de amar. Y aun así… Había algo recono...

Frente al espejo

Había una mujer que finalmente entendió algo doloroso sobre el amor: Amar profundamente a alguien no siempre significa poder vivir junto a él. Y esa verdad le caía bien y mal al mismo tiempo. Porque sí… una parte de ella comprendía la belleza de aquel hombre. Su manera de vivir el presente. Su forma de mirar la vida como si cada instante fuera suficiente por sí mismo. Su calma extraña. Su ternura. Incluso esa capacidad casi absurda de amar sin intentar poseer. Pero otra parte de ella, profundamente humana, quería gritarle: “Sí, todo muy espiritual… pero yo no soy tu madre para aguantar eternamente que no me vengas a ver. Soy tu mujer. Y necesito más que ecos cósmicos y amor suspendido en el tiempo.” Y allí estaba la herida. No en la falta de amor. Sino en la distancia. Porque él nunca pareció entender completamente lo que ocurría mientras él le decía: “vive tu vida.” No veía cómo ella se iba quedando sola en algunos lugares. Cómo el amor también necesita cuerpo. Presencia. Continuidad....