El amor que no pisa el piso no construye casa. Sí inspira, sí conmueve, pero no sostiene. La imagen de mi padre, siempre ausente, me revela lo que no sostiene mi sistema nervioso: Un “te amo” sin presencia. Un “te amo profundamente”, pero no te cuido, ni te doy, ni te sostengo, ni te procuro. Solo te digo que te amo porque digo que eso siento. Historias repetidas entre el “ya estoy arreglando todo para ir a verte, hija” y el “yo te necesito hoy papá”. Me doy cuenta de que desde ti, desde la profundidad de lo que fuimos cuando estábamos juntos, pude ver de frente esa herida que no dejaba de sangrar. Y con tus acciones, con tu ausencia, logré limpiarla, desinfectarla, irla cerrando… y hoy observar la cicatriz que dejó. Ya no puedo comprar humo con promesas. Hoy me desperté preguntando: ¿y si regresas? Sé que podrías hacerlo tal vez un día. Sin excusas, sin misterio, sin épica: con cuerpo, tiempo y actos. Y si lo que me decías era irreal, entonces sé que jamás vas a volver. Aunque sigas d...