Mike de Schrödinger
Hay personas que existen en un lugar muy extraño. No están. Pero tampoco se han ido. No forman parte de tu vida cotidiana. No desayunan contigo. No llegan por la noche. No te mandan un mensaje diario preguntándote cómo amaneciste. Y, sin embargo... Siguen habitando un rincón de tu existencia con una fuerza que resulta difícil explicar. Así que decidí bautizar ese fenómeno con un nombre completamente científico y absolutamente ridículo: Mike de Schrödinger. Porque mientras la caja siga cerrada, Mike está y no está al mismo tiempo. Hay días en los que quisiera comprar un boleto de avión a la Ciudad de México. Llegar. Subirme a un Didi. Luego al Metro. Luego a otro Didi. Y empezar a recorrer Liverpool por Liverpool hasta encontrarlo. No para reclamarle. Ni para hacer un drama digno de telenovela. Si después de todo ese recorrido por fin apareciera enfrente de mí, probablemente lo primero que le diría sería: —¿Qué pedo? ¿Ya acabaste o todavía te doy más tiempo? ¿Sigues arreglando tu vida? ...