En otro lugar...
En el Reino del Sur, donde el calor hacía sudar incluso a las piedras y los ventiladores parecían artefactos inútiles de magia menor, existía una mujer que estaba profundamente enamorada de un hombre filosóficamente desesperante. No era un mal hombre. Ese era precisamente el problema. Porque si hubiera sido cruel, idiota o claramente insuficiente… la historia habría terminado mucho antes. Pero no. El hombre era inteligente. Tierno. Profundo. Y tenía la extraña costumbre de decir cosas que sonaban hermosas… hasta que una las analizaba más de tres segundos. —Solo existe este día. decía él mirando el horizonte como si fuera protagonista de una película indie existencial francesa. Y la mujer por dentro: “sí sí muy poético todo PERO TENEMOS 53 AÑOS CABRÓN.” esa fue la última vez que ella lo vio... Porque el hombre hablaba del tiempo como si fuera un druida inmortal del bosque antiguo. Pero ella sí entendía: 🦴 rodillas, 🦴 columna, 🦴 colesterol, 🦴 mortalidad,...