Mike de Schrödinger: Un Estudio Científico Sobre Cómo Sacar de Quicio a una Mujer Inteligente
(Versión alternativa del texto publicado previamente hoy)
Durante años me sentí enamorada de un hombre.
Resultó que estaba intentando estudiar un fenómeno cuántico sin financiamiento gubernamental.
Todo comenzó de forma inocente.
Un hombre inteligente.
Interesante.
Divertido.
Culto.
Guapo.
Conversador.
Y aparentemente interesado en mí. Su nombre es Mike.
El detalle importante aquí es la palabra "aparentemente".
Porque después de varios años de investigación de campo, entrevistas, observación participante y análisis sistémico profundo, llegué a una conclusión científica:
Mike existía simultáneamente en todos los estados posibles.
—Quiero verte.
—Perfecto. ¿Cuándo?
—Pronto.
—Voy a pedir vacaciones.
—Excelente.
—Sí.
—¿Las pediste?
—Todavía no.
—Voy a ir a Tuxtla.
—Maravilloso.
—Sí.
—¿Ya compraste el boleto?
—Todavía no.
—¿Entonces cuándo vienes?
—Sí.
😐
Había momentos donde yo sentía que estaba hablando con un ser humano.
Y otros donde sentía que estaba entrevistando a una inteligencia artificial con personalidad.
🤣🤣🤣
Lo más desesperante era que el hombre no decía que no.
¡Ojalá hubiera dicho que no!
Un no duele.
Pero es información.
A mí me encanta la información.
Yo desayuno información.
Me baño en información.
Duermo abrazada de información.
La información me da paz.
Pero no.
Este hombre había encontrado una forma revolucionaria de existir.
Decía sí.
Y luego no ocurría nada.
Durante años.
🤣
Yo llegué a contemplar todas las posibilidades.
Todas.
ABSOLUTAMENTE TODAS. (Las que pude imaginar)
¿Tenía miedo?
Posiblemente.
¿No estaba listo?
También.
¿Seguía enamorado de su esposa?
Podría ser.
¿Tenía un conflicto existencial?
Probable.
¿Era un agente secreto?
No descartado.
¿Era bisexual?
Preguntado.
¿Era gay?
Preguntado.
¿Era un holograma financiado por la CIA?
A esas alturas yo ya no estaba cerrando posibilidades.
🤣🤣🤣
Y aquí viene la parte que jamás le confesé.
Hubo un momento en que mis hipótesis ya estaban completamente fuera de control.
Y cuando digo fuera de control, quiero decir FUERA DE CONTROL.
Porque después de varios años intentando entender qué demonios estaba pasando, mi cerebro empezó a explorar posibilidades cada vez más creativas.
¿Miedo al compromiso?
Posible.
¿Conflicto familiar?
Probable.
¿Crisis existencial?
Factible.
¿Doble vida?
No descartada.
¿Agente secreto?
Todavía en evaluación.
¿Habrá asesinado a alguien?
...
Sí. Eso también pasó por mi cabeza.
🤣🤣🤣
Y lo más preocupante no era eso.
Lo más preocupante era mi reacción.
Porque mientras una persona normal habría pensado:
"Dios mío, cómo pudiste?!"
Yo pensé:
"Ah chingá...
ESO EXPLICARÍA COSAS."
🤣🤣🤣
Y honestamente, si un día me hubiera dicho:
—Blanca, necesito decirte algo. Hace años maté a alguien.
Mi respuesta probablemente habría sido:
—Bueno... Yo también he querido hacerlo varias veces.
¿Cómo te sentiste?
¿Ya te perdonaste?
¿Necesitas terapia?
Pero
¿Eso qué tiene que ver con que nunca compraste el maldito boleto para venir a Tuxtla?
🤣🤣🤣
Porque para mí incluso un asesinato tenía más sentido que una década de ambigüedad.
Al menos el asesinato venía con una explicación.
Y después de tantos años, yo ya estaba desesperadamente enamorada de cualquier explicación que él pudiera darme.
Porque el problema nunca fue la verdad.
Nunca.
Yo podía aceptar casi cualquier verdad.
Si había regresado con su esposa.
Si no quería mudarse.
Si no quería una relación.
Si quería otra clase de relación.
Si tenía miedo.
Si estaba confundido.
Si no estaba listo.
Si quería quedarse exactamente donde estaba.
Si quería ser mi novio.
Si quería ser mi amante.
Si quería ser mi amigo.
Si quería ser un monje tibetano.
¡LO QUE FUERA!
🤣
Pero dime.
Por favor dime.
Ubícame en la realidad.
Dime dónde estoy parada.
Porque una cosa es el dolor.
Y otra muy distinta es la incertidumbre.
El dolor se acomoda.
La incertidumbre se instala.
Y aquí es donde tengo que admitir algo horrible...
Porque durante muchos años me conté la historia de que el problema era él.
Hasta que un día descubrí algo espantoso.
Yo también estaba insufrible.
🥹🤣
Porque la incertidumbre me vuelve creativa.
Y cuando digo creativa quiero decir peligrosamente eficiente.
Una persona normal tiene una duda.
Yo fabrico:
17 teorías.
4 hipótesis alternas.
3 modelos sistémicos.
2 árboles genealógicos.
Un análisis energético.
Y un libro.
Todo antes del desayuno.
🤣🤣🤣
Entonces claro que había presión.
Él decía que no.
Yo le decía que sí.
Porque honestamente...
si una mujer te pregunta por décima vez qué te está pasando...
HAY PRESIÓN.
🤣
Y aunque él insistía en que no.
Yo sabía que sí.
Porque yo también me escuchaba.
Yo también me veía.
Yo también sentía la angustia creciendo dentro de mí.
Y mientras más angustia sentía, más quería entender.
Y mientras más quería entender, más preguntas hacía. Y más imaginaba.
Y mientras más preguntas hacía, más parecía cerrarse él.
Y así comenzamos a lastimarnos los dos.
Porque aquí está la parte triste.
Yo lo veía sufrir.
Y eso era quizá lo peor de todo.
Porque no parecía alguien feliz.
No parecía alguien tranquilo.
No parecía alguien que hubiera tomado una decisión y estuviera en paz con ella.
Parecía alguien atrapado.
Y yo jamás logré entender qué era aquello que lo tenía atrapado.
Porque su razón parecía decir sí.
Su corazón parecía decir sí.
Su cuerpo cuando estaba conmigo definitivamente decía sí.
Su mirada muchas veces decía sí.
Sus palabras también.
Y sin embargo...
su vida seguía diciendo no.
Y allí fue donde finalmente comprendí algo.
Yo no estaba intentando convencerlo de estar conmigo.
Estaba intentando encontrar la llave de una puerta que ni siquiera era mía.
😳
Y eso nunca iba a funcionar.
Porque algunas puertas sólo pueden abrirse desde adentro.
Así que un día me fui.
No porque dejara de amarlo.
No porque estuviera enojada.
No porque quisiera castigarlo.
Me fui porque comencé a sospechar que mi amor no podía resolverle aquello que lo estaba deteniendo.
Y porque cada día que permanecía allí ambos sufríamos un poco más.
Yo por no entender.
Él por no poder responder.
Y entonces ocurrió algo extraño.
Pasaron varios años desde que lo vi por última vez.
Y descubrí que el cariño seguía allí.
No la espera.
No la obsesión.
No la necesidad.
El cariño. El amor aún está aquí.
Y en la noche soñé una casa hermosa. SIP la noche de ayer.
Con grandes columnas antiguas dóricas.
Y allí estaba él.
Entrando al lugar.
Sin teorías.
Sin explicaciones.
Sin pendientes.
Sin vacaciones.
Sin el inquilino moroso.
Sin física cuántica.
🤣
Simplemente entrando.
Y cuando desperté me encontré llorando y sonriendo.
Porque finalmente había comprendido algo.
Algo que ni los físicos ni los psicólogos habían logrado resolverme.
Tal vez Mike era el Mike de Schrödinger.
Tal vez no.
Tal vez sigue existiendo en una superposición cuántica de posibilidades.
Pero hay algo que sí sé.
Si mañana apareciera su nombre en mi teléfono...
primero me daría taquicardia.
Después probablemente lo insultaría.
Y después me daría muchísimo gusto escucharlo.
🥹❤️
Porque hay amores que terminan.
Hay amores que fracasan.
Hay amores que desaparecen.
Y luego está Mike. Siempre está Mike.
Que aparentemente en algún punto de su vida decidió convertirse en una anomalía cuántica emocional
🤣🤣🤣
Y honestamente...
después de tantos años...
Amo profundamente a ese fenómeno paranormal.