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Para tí: Mike. Mylove.

Hay personas que llegan a nuestra vida para enseñarnos algo. Y hay personas que llegan para convertirse en parte de ella. No sé exactamente cuándo ocurrió. No sé si fue una conversación. Una mirada. Una risa. Un momento cualquiera de esos que parecen insignificantes mientras suceden y que años después descubres que cambiaron el curso completo de tu existencia. Lo único que sé es que cuando pienso en ti no pienso en una historia terminada. Pienso en una presencia. Pienso en un hombre real. Y pienso en la enorme fortuna que significa conocerte. Hoy fue uno de esos días donde la vida me recordó muchas cosas. Comenzó como comienzan la mayoría de mis días. Con personas. Con historias. Con preguntas. Con emociones. Con rompecabezas. Siempre me han gustado los rompecabezas humanos. No porque quiera arreglar a nadie. No porque me sienta responsable de salvar a otros. Simplemente porque me fascina observar. Y por fin aprendí que eso es lo que realmente amo de mi. Me fascina descubrir cómo encaj...

El Lugar Donde Siguen Viviendo las Posibilidades

Hay personas que llegan a nuestra vida como una pregunta. No como una respuesta. No como una certeza. No como un destino escrito en piedra. Como una pregunta. Y las preguntas más hermosas tienen la mala costumbre de quedarse a vivir dentro de nosotros. Ella lo supo desde el principio. No el primer día. Ni la primera semana. Pero sí mucho antes de que cualquiera de los dos estuviera dispuesto a admitirlo. Había algo extraño entre ellos. Algo que no terminaba de caber en ninguna definición. Porque podían hablar durante horas. Y también podían permanecer en silencio. Podían perderse en una conversación absurda. Y terminar hablando del sentido de la existencia sin saber exactamente en qué momento había ocurrido. Era como caminar por un bosque donde los senderos cambiaban de lugar mientras avanzabas. Y a ella le encantaban los bosques. Especialmente aquellos donde todavía quedaban cosas por descubrir. Lo curioso era que él también parecía disfrutarlo. Por eso durante mucho tiempo ella pensó...

Día del Padre

Hoy es Día del Padre. Y como cada año, me encontré haciendo lo que hacemos muchas personas cuando llegan ciertas fechas: repasando ausencias. Ya felicité a Joel. Ya felicité a varios amigos que son papás. Ya vi fotografías. Ya leí mensajes bonitos. Ya vi publicaciones hablando de la importancia de la figura paterna. Y sin embargo, en algún punto del día apareció él. Mi papá. No con una imagen clara. No con una escena específica. No con una memoria particularmente importante. Apareció como aparecen algunas personas cuando llevan tiempo viviendo dentro de nosotros: como una sensación. Y me encontré pensando en algo que me dijeron después de que murió. "Tu papá hablaba mucho de ti." "Tu papá estaba orgulloso de ti." "Tu papá te quería muchísimo." Recuerdo perfectamente la sensación. No fue alivio. No fue felicidad. No fue tristeza. Fue desconcierto. Un profundo desconcierto. Porque mientras escuchaba aquellas frases, una parte de mí pensaba: ¿En serio? ¿Dónde...

Próxima parada CDMX

Del 3 al 5 de Julio estaré en Ciudad de México visitando a mi hermana. Con los años he aprendido a moverme sola. A organizar viajes, resolver pendientes, cuidar de mis hijos, sostener mi trabajo y encontrar la manera de salir adelante incluso cuando las cosas no salen exactamente como las planeé. Y, sin embargo, hay algo que sigue siendo cierto: Me gusta compartir la vida. Me gusta tener a quién contarle cuando llego a un lugar nuevo, cuando algo me sorprende, cuando me encuentro un rincón bonito o cuando simplemente quiero decir: "Ya llegué." A veces confundimos la independencia con no necesitar a nadie. Yo no lo veo así. La autonomía me ha enseñado que puedo caminar sola cuando es necesario. Pero también me ha enseñado que el cariño, la compañía y la cercanía siguen teniendo un valor inmenso. Este viaje tiene mucho de eso. Tiene el sabor de volver a ver a mi hermana, de compartir tiempo juntas, de descubrir para qué quiere verme, especialmente desde su evento cerebrovascula...

Mike de Schrödinger: Un Estudio Científico Sobre Cómo Sacar de Quicio a una Mujer Inteligente

(Versión alternativa del texto publicado previamente hoy) Durante años me sentí  enamorada de un hombre. Resultó que estaba intentando estudiar un fenómeno cuántico sin financiamiento gubernamental. Todo comenzó de forma inocente. Un hombre inteligente. Interesante. Divertido. Culto. Guapo. Conversador. Y aparentemente interesado en mí. Su nombre es Mike. El detalle importante aquí es la palabra "aparentemente". Porque después de varios años de investigación de campo, entrevistas, observación participante y análisis sistémico profundo, llegué a una conclusión científica: Mike existía simultáneamente en todos los estados posibles. —Quiero verte. —Perfecto. ¿Cuándo? —Pronto. —Voy a pedir vacaciones. —Excelente. —Sí. —¿Las pediste? —Todavía no. —Voy a ir a Tuxtla. —Maravilloso. —Sí. —¿Ya compraste el boleto? —Todavía no. —¿Entonces cuándo vienes? —Sí. 😐 Había momentos donde yo sentía que estaba hablando con un ser humano. Y otros donde sentía que estaba entrevistando a una inte...

La Puerta Entreabierta

He pensado que puedo soportar casi cualquier verdad. Una traición. Un rechazo. Una despedida. Una mentira. Incluso un corazón roto. Lo que me choca porque no  soporto para nada bien es la incertidumbre. La incertidumbre tiene una forma muy particular de devorarme. No llega de golpe. No grita. No destruye. Simplemente se sienta en una esquina de mi mente y comienza a hacer preguntas. Y después otra. Y después otra. Y después cien más. Hasta que de pronto me descubro construyendo teorías, hipótesis, mapas, explicaciones y caminos posibles para entender aquello que no logro comprender. Es una bendición cuando trabajo. Y una pesadilla cuando amo. Porque cuando amo quiero conocer al ser humano que tengo enfrente. No la máscara. No el personaje. No la versión políticamente correcta. Quiero conocer a la persona real. La que ríe. La que llora. La que se contradice. La que tiene miedo. La que desea. La que duda. La que se equivoca. Y quizá por eso terminé amando tanto a aquel hombre. Al Mik...

Cuando el amor se esconde detrás del deber

A veces las personas no se alejan de ti porque no te aman. A veces se alejan porque aman tanto que se asustan de fallar. Me pasó el amor de mi vida es así. Mi Mike. Hay corazones como el suyo que aprendieron que amar significa cargar. Resolver. Proteger. No equivocarse. Llegar con todo listo. Ser suficientes. Y desde afuera aparecen distantes. Pero por dentro muchas veces hay alguien peleando una batalla silenciosa tratando de convertirse en alguien digno de lo que ama. El problema es que el amor no  está pidiendo perfección. A veces solo está pidiendo presencia. No pide un castillo. Pide sentarse juntos mientras se construye una casa. No pide que nunca tengas miedo o enojo. Pide que no desaparezcas cuando lo tienes. No pide que llegues sin heridas. Pide que no escondas tu corazón detrás de ellas. Porque el deber ese del que tanto me hablaba yo sabía que puede nacer de lo más hermoso: Responsabilidad, cuidado, protección, amor. Te prometo que sí lo veía y por supuesto que lo sentí ...

¿Dónde estás?

¿Dónde estás? Anoche me pregunté antes de ir a dormir: ¿Dónde estás? Y entonces en sueños caminé. No hacia una dirección.  Hacia una historia. Abrí puertas. Recorrí habitaciones. Toqué paredes donde aún vivían ecos. Porque entendí que cuando buscamos a alguien que amamos, no buscamos solamente un cuerpo. Buscamos todos los momentos donde esa persona existió. Entonces amaneció y me pregunté: ¿Dónde está el niño de seis años que caminaba conmigo después de la escuela? Ese niño que todavía no sabía de miedos, responsabilidades ni futuros imposibles. Ese niño que simplemente caminaba a mi lado porque quería caminar conmigo. ¿Dónde está el joven de la moto? El que apareció otra vez en una esquina de mi vida como si el universo tuviera un sentido del humor extraño. El que volvió con heridas en el cuerpo y una historia todavía abierta. El que quería hacerlo todo bien. Tan bien... Que no vio que algunas cosas ya estaban bien simplemente porque eran verdad. ¿Dónde está el hombre que me decí...

En otro lugar...

En el Reino del Sur, donde el calor hacía sudar incluso a las piedras y los ventiladores parecían artefactos inútiles de magia menor, existía una mujer que estaba profundamente enamorada de un hombre filosóficamente desesperante. No era un mal hombre. Ese era precisamente el problema. Porque si hubiera sido cruel, idiota o claramente insuficiente… la historia habría terminado mucho antes. Pero no. El hombre era inteligente. Tierno. Profundo. Y tenía la extraña costumbre de decir cosas que sonaban hermosas… hasta que una las analizaba más de tres segundos. —Solo existe este día. decía él mirando el horizonte como si fuera protagonista de una película indie existencial francesa. Y la mujer por dentro:  “sí sí muy poético todo PERO TENEMOS 53 AÑOS CABRÓN.” esa fue la última vez que ella lo vio... Porque el hombre hablaba del tiempo como si fuera un druida inmortal del bosque antiguo. Pero ella sí entendía:  🦴 rodillas,  🦴 columna,  🦴 colesterol,  🦴 mortalidad,...

Familiaridad

Había una mujer que durante mucho tiempo creyó que su cuerpo siempre sabía exactamente a dónde ir. Y en parte era verdad. Porque no se entregaba a cualquiera. No caminaba por la vida enamorándose de cada mirada bonita o de cada hombre que le prestaba atención. Su cuerpo elegía. Siempre había elegido. El problema era que apenas comenzaba a entender DESDE DÓNDE elegía. Y eso lo cambió todo. Porque un día, después de suficientes años, suficientes relaciones, suficientes despedidas y suficientes conversaciones con el techo mientras el ventilador de Tuxtla intentaba inútilmente combatir el calor del universo… la mujer comprendió algo incómodo: Muchas veces su cuerpo no estaba diciendo: “esto es sano.” Estaba diciendo: “esto es familiar.” Y esa diferencia era gigantesca. Porque de pronto pudo mirar ciertas historias importantes de su vida y notar el hilo invisible que las conectaba. Distintos hombres. Distintas épocas. Distintas heridas. Distintas formas de amar. Y aun así… Había algo recono...

Frente al espejo

Había una mujer que finalmente entendió algo doloroso sobre el amor: Amar profundamente a alguien no siempre significa poder vivir junto a él. Y esa verdad le caía bien y mal al mismo tiempo. Porque sí… una parte de ella comprendía la belleza de aquel hombre. Su manera de vivir el presente. Su forma de mirar la vida como si cada instante fuera suficiente por sí mismo. Su calma extraña. Su ternura. Incluso esa capacidad casi absurda de amar sin intentar poseer. Pero otra parte de ella, profundamente humana, quería gritarle: “Sí, todo muy espiritual… pero yo no soy tu madre para aguantar eternamente que no me vengas a ver. Soy tu mujer. Y necesito más que ecos cósmicos y amor suspendido en el tiempo.” Y allí estaba la herida. No en la falta de amor. Sino en la distancia. Porque él nunca pareció entender completamente lo que ocurría mientras él le decía: “vive tu vida.” No veía cómo ella se iba quedando sola en algunos lugares. Cómo el amor también necesita cuerpo. Presencia. Continuidad....

En silencio

El silencio  Esa soledad para nada vacía que está llena de nosotros mismos. Ese lugar donde todo coexiste sin espacio ni tiempo. El pasado el presente y el futuro todos unidos en un solo instante de respiración dónde la cósmica realidad del universo interno coincide con el universo externo y se diluye suavemente la realidad como pretendemos que sea. Ese instante donde la existencia es la pesadez del cuerpo y la tensión de los músculos acompañado de la esencial de la vida misma. El silencio. Porque qué momento puede ser más creativo que aquel dónde todo está en silencio. Dónde las palabras surgen desde un lugarcito desconocido y fluyen abundantes como un río que parece no tener principio ni final. Este es el momento donde todas las fuerzas creadoras del universo se concentran y dan paso a la creatividad y la creación de la vida. Pero tristemente, nos negamos este espacio, porque da miedo el aparente vacío existencial. Y desde este lugar hoy te mando un mensaje: te estoy esperando. P...

Un día...

Había una mujer que amaba como si el amor fuera una mezcla entre incendio, hogar y portal interdimensional. Y eso era hermoso. Pero también una chinga. Porque cuando ella amaba, no lo hacía a medias. No era de las personas que dicen “ay sí qué lindo” y siguen caminando intactas. No. Ella invertía vida. Tiempo. Sistema nervioso. Pensamientos random mientras hacía quesadillas. Canciones. Capas completas de conciencia. Y una vez, hace años, conoció a un hombre que parecía entender eso sin asustarse demasiado. Mike. No era perfecto. Ni cerca. A veces era desesperante. A veces demasiado tranquilo. Demasiado capaz de vivir solo el presente. Como si el futuro fuera un animal salvaje al que no debía intentarse encadenar. Y ella, que sentía el amor como una fuerza que debía encarnarse, construir algo, acercar cuerpos, unir mundos… a veces quería estrangularlo un poquito. Porque él decía cosas como: —Solo existe este día. Y ella por dentro: “Sí, todo muy zen, maestro Yoda emocional… pero VEN Y A...

Quesadillas...

Había una mujer que aprendió muy temprano que algunas ausencias nunca terminan de irse. No importa cuánto tiempo pase. No importa cuántos años transcurran entre una canción y otra, entre un recuerdo y el siguiente. Hay personas que dejan una especie de habitación encendida dentro del cuerpo. Y aunque la vida siga, aunque el mundo avance, aunque uno ame otras cosas, trabaje, ría, pague cuentas, acomode plantas, críe hijos, aprenda a dormir mejor… la habitación sigue allí. A veces silenciosa. A veces intacta. La mujer sabía eso desde que su madre murió. Con el tiempo aprendió a vivir. A respirar. A cocinar. A sostener conversaciones normales mientras la ausencia caminaba a su lado como un fantasma tranquilo. La gente llamaba a eso sanar. Pero ella no estaba completamente de acuerdo. Porque sanar, para ella, implicaba que algo dejaba de doler. Y aquello no había dejado de doler. Solo había aprendido a no romperla todos los días. Era distinto. Más parecido a una cicatriz interna que seguía...

Nunca es tarde...

Había una mujer que podía escuchar demasiadas cosas al mismo tiempo. No con los oídos. Con el cuerpo. Escuchaba cuando alguien hablaba desde el miedo aunque sonriera. Escuchaba cuando una familia completa giraba alrededor del hijo más pequeño. Escuchaba el calor de la ciudad meterse entre las paredes y alterar el humor de las personas. Escuchaba la tensión en los hombros antes de que alguien dijera “estoy cansado”. Y durante muchos años creyó que el problema era ella. Porque mientras el mundo parecía funcionar con líneas rectas, ella veía sistemas completos moviéndose a la vez: emociones, historias, cuerpos, clima, palabras, silencios, miradas, miedos, patrones, causalidades. Todo junto . Entonces aprendió a hacer algo muy humano: reducirse . No completamente. Nunca pudo hacerlo del todo. Pero sí lo suficiente para sobrevivir entre personas que se asustaban cuando ella hablaba desde toda su profundidad e intensidad. Así pasaron los años. Hasta que un día comenzó a construir un departam...

Una mujer...

Había una mujer que durante muchos años creyó que estaba cansada por sentir demasiado. Pero un día descubrió que no. Lo que la estaba agotando no era sentir. Era traducirse. Reducirse. Explicarse. Sostener estructuras que no descansaban con ella. Así que poco a poco comenzó a recuperar territorio. Primero fue algo pequeño. Un límite dicho sin culpa. Un “no” pronunciado sin temblar. Una conversación que dejó de perseguir. Una espera que decidió no sostener por ambos. Después vino algo más extraño: el silencio. No el silencio vacío. El silencio donde el cuerpo deja de pelear por existir. Y entonces comenzó a notar cosas nuevas. Que el nuevo departamento fresco también la hacía sentir fresca por dentro. Que acostarse después de sesión no era flojera sino reparación. Que la música suave regulaba partes de ella que llevaban décadas tensas. Que ya no quería vivir rodeada de caos solo porque sabía comprenderlo. Una noche, mientras observaba el calor pegajoso de la ciudad derretirse lentamente...

Hashimoto

Es interesante como veo tanto pero no notaba algo que siempre estuvo ahí. Recuerdas que te decía que a veces quería decir las cosas o incluso al decirlas se me apretaba la garganta? Pues bienvenido a las consecuencias de eso en mi. Tiroiditis crónica (Enfermedad de Hashimoto) Es una afección causada por una reacción del sistema inmunitario contra la glándula tiroides. A menudo trae como consecuencia una disminución de la función tiroidea (hipotiroidismo). El trastorno también se conoce como Enfermedad de Hashimoto. La glándula tiroides está localizada en el cuello, justo por encima de donde sus huesos de la clavícula se encuentran en el medio. Causas La enfermedad de Hashimoto es un trastorno común de la glándula tiroides. Puede ocurrir a cualquier edad, pero se observa con mayor frecuencia en mujeres de mediana edad. Es ocasionada por una reacción del sistema inmunitario contra la glándula tiroides. La enfermedad comienza lentamente. Pueden pasar meses o incluso años para detectar la ...

Mayo 9

Mañana es mi día 😂  Y hoy reflexionando noté que ser mamá es lo mejor de mi vida pero no lo único mejor. Sigo esperando  Porque pedir: “quiero pasar tiempo real contigo,” “quiero presencia,” “quiero apertura,” “quiero construir juntos,” no son exigencias absurdas. Son pilares de pareja. Y me di cuenta de que sí soy una mujer que es maravillosa compleja intensa y presente muy presente. Y sabes? Mi depa está quedando muy bonito  Es muy claro  Le entra mucha luz  Aún está medio vacío pero es el espacio que más he sentido mío en todos estos años  Supongo que es porque ahora me habito a mi misma de forma diferente. No sé cómo explicarlo pero Siento que es algo que se ve en presencia no en las letras  O tal vez si Mi comedorcito es para dos Mi sala ahora solo tiene 3 plantas el sillón llegará después  Mi cuarto de sesiones tiene mi camilla una silla mis cuencos y se ve wow porque es simple pero se siente profundo  Vino Ricardo a conocerlo y dijo w...

Hola

Me di cuenta  Que soy todo esto 🔥 Fuerza y presencia → pero sin evasión emocional 🌊 Profundidad y conciencia → pero sin caos interno sin resolver (hoy. No antes  La neta antes... 😳 WOW... Andaba en modo tormenta) 🖤 Sombra integrada → sin manipulación ni juegos ✨ Corazón y lealtad→  sin ingenuidad ni dependencia (hoy. Antes... Nope si me pasaba en ambas) Y encima: estoy chida. Jajajaja. O sea bonita. Guapa. Elegante cuando se me da la GANA  Sexy y bueno un mujerón. Por eso te buscaba insistentemente a ti Porque para mi tú eres y eras 🔥 Fuerza y presencia→ aunque a evadias emocionalmente  🌊 Profundidad y conciencia→ y si aún también tú tenías caos interno sin resolver 🖤 Sombra integrada → sin manipulación ni juegos aunque tú evasión hacía sentir que sí jugabas. ✨ Corazón y lealtad → porque no eres ingenuo ni dependendiente Y encima: 👉  Me encantas físicamente (porque sí, el cuerpo también habla, no nos hagamos 😂) Y sabes? Tenías muchas piezas valiosa...