Adagio...

Léase —si se puede— mientras suena Adagio.

Luana está sentada en su cama, observando a través de la ventana lo que le resta de vida.
Los médicos dijeron que unos meses más y todo el sufrimiento, todo el dolor que experimenta ahora, dejará de existir.

Los médicos de su época no saben cómo tratar lo que le sucede.
A pesar de todos los avances tecnológicos, a pesar de lo natural que resulta ahora alargar la vida…
el caso de Luana es, indiscutiblemente, algo que se escapa de las posibilidades de la ciencia.

Su rostro sereno y dulce sonríe por encima del profundo dolor físico que la atraviesa.

Luana toca uno de sus largos caireles rubios.
La sensación en sus manos le recuerda un momento de su infancia, ese instante en que su otro yo —de otro tiempo— se asomaba por la ventana de su casa frente al río…

Luana sabe que Blanca está sintiendo su existencia en la distancia y en el tiempo.
Y la resonancia de ambas escenas se rompe de golpe por la brutalidad de un anuncio en la televisión.
«Respira…», dice el anuncio, mostrando la nueva inteligencia artificial.

Blanca regresa al espacio-tiempo donde habita su cuerpo.
Tiene que acostarse: el corazón le late tan fuerte que entiende que no queda más que esperar a que su respiración vuelva a acompasarse.
En ese instante, el Claro de Luna comienza a sonar.
Busca el link en el historial para ponerlo aquí, para que la acompañes… Para que lo compartas con ella todo.

Siempre quiso compartir todo contigo.
Hasta las cosas más pequeñas.

Y sus ojos se llenan de lágrimas que no salen, igual que ese recuerdo de una época nacida de la imaginación y la ilusión.

Mientras respira despacio, con el celular en la mano, deja que la música permee todo su cuerpo generando calma, paz, nostalgia, conocimiento.

Cuántas veces quiso sentarse contigo a hacer tantas cosas…

Cuántas veces deseó simplemente cubrirse en tu aroma, sentir tu piel.

Y mientras respira profundo y deja fluir las emociones, observa y siente el peso del conocimiento del tiempo.

Ese tiempo que es tan arbitrario, tan relativo para unos como para otros.

Ese escenario dentro del espacio que, sin él mismo tiempo, jamás podrían existir.

Suelta su mano derecha para tomar el control de la tele.

Su cuerpo se siente pesado.

Ahora comprende por qué, al escuchar el Adagio, se sintió tan conectada con esa versión de sí misma que existe en otro espacio-tiempo.

Cómo, en un instante, todo se conecta.

El algoritmo de YouTube, casi burlón, vuelve a elegir la misma pieza musical con la que todo inició: Adagio.

Y al poder escucharla en este instante, todo se alinea nuevamente, haciéndole reconocer que cada momento es un ciclo interminable.

Una pregunta surge entonces en su cabeza:

¿Será que nuestro ciclo aún no ha terminado?

Hay tanta comprensión dentro de la incomprensión, tantas cosas que existen dentro de la vida que basta con conectar con este instante en el espacio-tiempo y simplemente creer.

Creer que el espacio mismo se está trazando en conjunto.

Y que eso es suficiente.

Luana vuelve a aparecer en la escena.
Sonríe suavemente.

Ahora entiende el dolor que percibe en este cuerpo es una herencia que Blanca le dejó: la nostalgia.

Y poco a poco, los cuerpos —danzantes de todas las versiones existentes de Blanca a través del tiempo— se unen en sincronía, permitiendo que cada instante del espacio-tiempo se vuelva continuo y a la vez en un punto primigenio donde todo es posible, donde todas las posibilidades existen.

Todas respiran al unísono, soltando la tristeza de lo aparente, de lo que no fue, y una sonrisa brota en su boca.

Una de ellas toca la fría superficie del cristal de la ventana, observando que solo está presenciando un espacio que no sabía que ya estaba construido:
ella es el pasado, el presente, el futuro.

Su corazón se alinea en todas las dimensiones.

Y, de pronto, todas pueden observar a esta mujer caminando por un prado, sobre un sendero de piedra, dirigiéndose a una choza en medio de la montaña, donde el atardecer se encuentra con su punto más brillante.

“Vienes a casa”, murmuras tú desde esa escena.

Una luz encendida desde dentro la espera.

Blanca avanza suavemente por la vida, sintiendo esta energía hermosa, llena de amor, placer y conexión.
Y sonríe.

Blanca: Me estabas esperando, alma mía?
Mike:  Tú estás ahí?… vida mía… 

Blanca: Para que por fin me abras la puerta y me digas: Ven. Te estaba esperando.

Blanca emite una sonrisa. Siente nuevamente el peso del cuerpo sobre la cama mientras termina el sonido que la envuelve.

Amor... El momento contigo siempre estuvo creado.

Te amo.

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