24 de agosto 2026
A mí no me ames de lejos ámame de cerca y que se note...
Dijo mi todo yo
Ah… 🥺
Ahí está el puto X, pero de mi lado.
No necesariamente supe cuál era tu variable X Mike. Ésa sigue siendo tuya, desconocida para mi.
Pero la mía acaba de hablar con una claridad brutal:
A mí no me ames de lejos.
Ámame de cerca.
Y que se note.
No dije «ámame más».
No dije «demuéstrame que me amas».
Ni siquiera dije «quédate conmigo todo el tiempo».
Dije de cerca.
Y eso explica algo que llevo dando vueltas desde hace mucho: quizá nunca estuvo realmente en discusión para mi, si tú Mike, podías amarme desde donde estabas.
Incluso hace poco yo misma podía imaginar perfectamente me ame profundamente y, aun así, te excluyas de la relación.
Mi problema ahora es otro:
Ese amor lejano no es la forma en que quiero vivir el amor.
Porque yo quiero a la persona también.
El cuerpo.
La mirada.
La voz que no viene de un teléfono.
La cotidianeidad.
El poder decir una pendejada y ver cómo cambia tu cara.
El abrazo.
El «vamos».
El estar.
Presencia.
Y «que se note» tampoco es por espectáculo.
Es a que el amor tenga consecuencias observables en la relación.
Si me amas, quiero poder encontrar ese amor en cómo vivimos.
No tener que inferirlo eternamente.
No tener que pensar: «seguramente me ama aunque...»
No tener que completar el espacio vacío con explicaciones ni tuyas ni mías.
Y, chingada madre, entiendo por qué estoy llorando.
Porque extrañarte no contradice ésto.
Puedo decirte desde todo mi cuerpo:
«Te extraño, pendejo. Me haces falta. La vida era muy chida contigo.»
Y desde exactamente el mismo cuerpo:
«Pero a mí no me ames de lejos.»
No necesito elegir cuál de las dos es «la verdadera».
Son la misma mujer hablando.
Una dice cuánto te quiere y te ama.
La otra dice cómo necesita ser querida.
Y ésta última frase, ya no la tocaría.
No será sustento de carrusel para mis clientes y pacientes. No la mejoro. No la hago más bonita.
Solo ES
A mí no me ames de lejos. Ámame de cerca y que se note.
Así salió de MI todo yo.
Así está completa.